jueves, 5 de junio de 2008

Indentidaes / Identities

"Soy de aquí y soy de allá / from here and from there / born in L.A. / del otro lado y de éste ..." Así comienza uno de los poemas de Gina Valdés en el que la poetisa reclama su identidad mestiza, su mezcla de culturas y su cultura de frontera. A lo largo de mis estudios, es esta posición, la posición de frontera entre culturas, de in-between-ness, la que más poderosamente me ha llamado la atención porque reta todas nuestras preconcepciones de la cultura y la nación y les da un nuevo significado: más fluído, más amplio pero sobretodo más flexible. Dentro del grupo de escritores y artistas que escriben desde la frontera o desde los intersticios de las culturas me atraen especialmente los autores hispanos / latinos que escriben desde los Estados Unidos porque son los que más me han abierto la mente a un nuevo planteamiento de mi propia identidad.

Procedo de un país en el que la identidad nacional ha sufrido un proceso de erosión sin precedentes a pesar de que nuestra historia esté compuesta de muchos reajustes en lo que es 'ser español'. No quiero entrar en las causas, en los culpables o en los que se aprovechan de tal erosión de nuestra identidad, sólo quiero lanzar al ciber espacio una reflexión fruto de varios años de lecturas y reflexión. Mi principal argumento no es otro que plantear nuestro concepto de identidad nacional o cultural, no como un compartimento estanco e inamovible sino como un espacio flexible, fluído y abierto.

Recuerdo muy vagamente, más vivamente por el recuerdo de los que me rodean, que cuando era pequeño solía entretener a mi familia por mi exacerbado "nacionalismo". En cada reunión familiar, en cada encuentro de amigos, mis papás me preguntaban para picarme: "Ivanín ¿Eres gijonés?". Yo, tranquilo respondía: "No, soy cabueñés" (lógico, yo no nací en Gijón sino en Cabueñes). Mi hermano, al que siempre le gustaba picarme (y a mi picarle a él) contraatacaba: ¡Qué no boborolo, tú eres gijonés!. Rojo de la irá, yo reafirmaba con toda la fuerza de mi voz infantil mi inquebrantable lealtad a mi identidad cabueñera: ¡Nooo! - gritaba - ¡YO SOY CABUEÑÉS!. La escena culminaba por lo general en un lío a mamporros con mi hermano que se reía de mi flojera o con lágrimas en los ojos reclamando que el mundo comprendiera mi identidad cabueñera. Una identidad por cierto que ha estado presente en toda mi vida: nací en Cabueñes, me eduqué - algo que llevaré siempre a mucho orgullo - también en Cabueñes y aunque la vida da muchas vueltas ... quien sabe ... quizá incluso muera y me incineren en Cabueñes, ¡Cómo para perder esa identidad!.

Tardé aún bastante tiempo en darme cuenta que Cabueñes es parte de Gijón y que por tanto no estaba reñido ser "cabueñés" con ser "gijonés". De todos modos tal descubrimiento me llevaba a la necesidad de buscar algún elemento de oposición, algo por otra parte siempre presente en los nacionalismos excluyentes. Ya en el colegio conseguí articular mi nueva identidad cultural y nacional que giraba en torno a Gijón al hallar el elemento de contraste, de oposición y de odio: Oviedo. La tiránica Oviedo y sus habitantes se transformaban en el gran demonio, los terroristas que destrozaban cristales y marquesinas cuando sus hordas invasoras acudían enfervorizadas a batirse contra nuestro poderoso ejército rojiblanco: nuestro Sporting, nuestro equipo legendario. Como gijonés de honra, trataba de aguantar la respiración cuando debía cruzar Oviedo camino de León, algo por otro lado imposible ya que los tiempos de la ronda de circunvalación estaban aún lejos. Todo mi fervor nacionalista estaba concentrado en mi "gijón del alma" y nada se podía parecer y nada podía hacerle sombra.

Yo creo que siempre he sido un poco adelantado a los tiempos y ya al llegar al instituto, mientras algunos amigos míos proseguían su tenaz cruzada "anticarbayona" yo comencé a tender puentes y a ver a Oviedo, no como el enemigo, sino como parte integrante de un ente más grande, más fascinante, más complejo y sobretodo que me confirió mi primera verdaderamente articulada identidad nacional/cultural: Asturias. Aunque mi vida me ha llevado por otros derroteros, desde mis tiernos doce añitos, Asturias era mi hogar, mi cultura, mi identidad. Deseaba que mi Asturias fuese libre, que todos los asturianos hablásemos nuestra lengua (la cuestión del bilingüismo era impensable y la de ser políglota más aún). Todos mis esfuerzos, todos mis ánimos debían ser para conseguir una Asturias libre y soberana.

CONTINUARÁ